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Docentes en huelga: una “guerra” actual

Durante meses, en 1921, maestros y profesores de Santa Fe sostuvieron una huelga. La respuesta del gobierno de la provincia fue la exoneración. Una “guerra” con reminiscencias actuales: a los maestros, a los sindicalistas y a los extranjeros.

Entre los motivos de la huelga de 1921 estaban los salarios adeudados durante más de 10 meses en su inicio, la sanción del Presupuesto Educativo y la Ley de Escalafón.

El gobernador de la provincia era Enrique Mosca, radical antipersonalista que dos décadas más tarde completaría la fórmula de la Unión Democrática junto a José Tamborini. Fue el gobernador que autorizó la creación de la “Gendarmería Volante”, financiada por La Forestal pero armada y uniformada por el estado para reprimir a los peones. Fue el mismo gobernador que vetó la Constitución sancionada ese año que, entre tantas otras cosas, eliminaba a la religión católica del Estado provincial.

Cuando los maestros decidieron ir a la huelga, en abril, se enfrentaban a un hecho inédito: ni ellos ni el resto de los empleados públicos tenían contemplado ese derecho. No había forma “legal” de reclamar.

Los diarios más importantes de la ciudad entonces, Nueva Época y Santa Fe tomaron explícita postura en el conflicto.

Casi como una convocatoria a voluntarios, Nueva Época publicó la “Carta de un monitor a los maestros”. “Os preparáis para cerrar las aulas y holgar unos días”, comenzaba.

Por más que os digan que tenéis razón, ciertos pacotilleros de la filosofía, no les creáis. Esos hombres no saben cómo arreglarse frente a los conflictos de la sociedad. Por un lado necesitan comer y buscan entre los elementos conservadores los materiales para organizar la olla. Por otro lado están con los campeones de las reivindicaciones proletarias. Condenados al difícil ejercicio de bailar sobre la maroma, algunos resultan hábiles y los más, tontos. Preciso es ser más tontos que ellos para creerlos.

El ultraconservador matutino apuntaba a los dirigentes de la entonces Asociación Gremial de Maestros, algunos de ellos, anarquistas. Un horror.

El supuesto autor de la carta recordaba a los maestros que era inadmisible que los empleados públicos hicieran paro, no importaban las razones. ¿Qué les dicen los miembros del gremio?, les preguntaba: “Que estáis en la más espantosa miseria, sufriendo hambre y desamparo horrendos; que en vuestros domicilios no hay fuego ni luz, y que en fin, si vais a arrojar las disciplinas escolares y hacer un escándalo que abochornará a la provincia y al país entero es porque estáis expuestos a caer en la más abyecta degeneración moral y material. Bien sabéis que todo eso es una monstruosa exageración. Ni vuestra miseria es tanta ni vuestra dignidad ha descendido a tan bajo nivel para que desfiguréis vuestra heroica pobreza o permitáis que la desfiguren los eternos explotadores de multitudes. ¿No comprendéis que os insultan cobardemente al exhibiros como a mendigos derrotados? No es esa la situación del magisterio santafesino por más delicada que sea”.

Otro de los recursos utilizados por Nueva Época continúa siendo empleado hoy. Publicó una “verdadera revelación”. Un anónimo pedagogo les había acercado el listado de algunos de los maestros integrantes de la Asociación de Maestros (“los dirigentes que comunican entusiasmo a los huelguistas, recordándoles a toda hora lo que se les debe y no se les paga”) que estaban “satisfechos de su suerte”. A la mayoría no se les debía nada, decía.

Sin inmutarse, afirmaba en mayo de 1921 que Dionisio J. Campos, por ejemplo, había cobrado todo el año 1919, febrero y marzo de 1920. Mercedes Chávez debía estar absolutamente complacida: había percibido todo 1919, excepto abril y enero, además de febrero y abril de 1920. Antonio Ucha, reconocido anarquista, tenía en sus bolsillos todo 1919 y de enero a abril de 1920. Y la lista continúa.

Muchos maestros, aseguraba el diario, aplauden a los líderes del movimiento creyendo que unía “el mismo dolor material y la misma preocupación”. Sin embargo, claro estaba que se quejaban de llenos…

Otro de los muchos medios para desacreditar el reclamo fue la crítica al rol de la mujer en el conflicto. Una cosa es una manifestación “pacífica”, como la que se había visto poco antes, cuando el obispo Boneo había convocado a marchar contra la Constitución Provincial. Allí, las “damas” acompañaban a sus esposos y adornaban altares. Otra cosa muy distinta era una protesta donde se echaba por la borda el decoro de la mujer.

A fines de ese mes, puso acento en el desorden que se había producido en una asamblea en la Universidad de la que habían participado algunas maestras que habían expresado “interjecciones agraviantes para todo lo que tiene de respetable la gracia y debilidad del sexo”.

Deploraba Nueva Época el triste corolario de sus incursiones por el campo de las actividades masculinas”.

Si ya es una verdadera aberración que la mujer, rindiendo tributo a las tendencias anárquicas desencadenadas contra las instituciones públicas, abandone la escuela y haga causa común con los elementos de revuelta que quieren disolverla, vergüenza y muy grande resulta que no conforme con ello se lance a la vía pública y a los cenáculos estudiantiles. En esta época de licencias espirituales, obstinadas en echar abajo los tabiques que separan los sexos, puede ser mucho exigir que la compañera de nuestra existencia renuncie a algunos derechos civiles y hasta políticos. Lo que no será nunca temerario pedirle es que vele por su propio respeto, defendiendo un decoro que no es sólo suyo, pues pertenece por ley de condominte moral al esposo, a los hermanos, y a los hijos...

Bien distinta era la postura que el diario Santa Fe asumió en esta coyuntura. Frente a la probabilidad de la huelga, destacaba de los maestros “su cultura y su consideración por la enseñanza”, al haber establecido plazos para sus reivindicaciones antes de declararla.

Piden los maestros algo que no puede discutirse, porque es justo de toda justicia. Piden que se les abonen los haberes atrasados, que sea sancionado el Presupuesto para evitar irregularidades administrativas futuras y, por último, que sea sancionado el proyecto de Ley de Escalafón. Su petitorio ha de ser reconocido por la opinión honrada y sincera”, resaltaba.

Pese a asumirse contrario a una huelga del magisterio, el Santa Fe calificó: “Humanamente, la acción a emprender de los maestros no puede objetarse”. Les asistía la razón porque “han sufrido mucho y están sufriendo; sus circunstancias económicas son de una pobreza franciscana y hasta su moral se encuentra disminuida en un noventa por ciento. Pues que, ¿no significa un dolor verse relegado a último término, trabajar, trabajar y trabajar, sin percibir con regularidad la remuneración de su trabajo? Sí, esto significa un dolor y de los más grandes y de los más injustos que darse pudiera”.

Informó el periódico que tras los 14 meses de deuda salarial, muchos “educacionistas” habían tenido que recurrir a medios “muchas veces repugnantes” para poder sobrevivir. Estaban en un estado manifiesto de pobreza y a punto de perder la dignidad.

Con el correr de los días, la simpatía de este diario dirigido por don Salvador Espinosa hacia la docencia se acrecentó.

No simulemos, no neguemos la evidencia. Los maestros tienen razón para ir a la huelga; no pueden seguir soportando la horrible miseria en que viven. Esto lo sabe todo el mundo. Pedir disciplina y respeto a la jerarquía cuando los estómagos están vacíos, es cruel; hablar de derechos codificados, de obligaciones profesionales y de espíritu de sacrificio cuando no se puede encender fuego en miles de hogares, cuando hay que mendigar el miserable mendrugo para simular vivir, es una burla sangrienta. Solicitar esperas cuando la necesidad aprieta sus férreas garras en las gargantas es sarcásticamente inhumano. Proferir amenazas contra las víctimas de todas las desidias, de todas las indiferencias y de todos los olvidos, cuando la negra visión del dolor y del hambre llama a las puertas para introducir la prostitución de las almas y los cuerpos es simplemente cobarde”, objetaba tanto frente al gobierno como a Nueva Época.

Santa Fe brinda además sus columnas a los huelguistas para contrarrestar los ataques del diario conservador. Antonio Ucha, en nombre de los maestros y maestras aseguraba haber resistido las afrentas hasta ya no soportarlo. Ucha defendió en una carta el decoro de sus compañeras y desecha, por falsa, la información acerca del cobro de salarios por parte de los gremialistas. Aunque si así hubiera sido, dice, “no cabe en el espíritu de nuestros detractores la idea de que haya seres capaces de preocuparse de cosas en las cuales no tengan un beneficio material inmediato… ¿Cómo van ellos a sentir las palpitaciones de esa espiritualidad ideológica cuando según la propia confesión de uno de sus redactores cobran hasta las noticias de los viajeros? Tanto mis compañeros de comité como yo estamos en esta emergencia jugando el pan de nuestros hijos, los que somos padres y todos la tranquilidad de nuestros hogares y algunos veinte años de su laboriosa carrera profesional”.

Ya en junio, volvió Ucha a publicar sus notas en forma de carta en el Santa Fe:

Hay un diario matutino que tiene la virtud de andar con el paso cambiado y el acierto de estar a favor de las malas causas. Si ese diario apoya una sola de mis acciones, mi espíritu no podría estar seguro de su honradez; empezaría yo por dudar de mí y hasta el sueño me resultaría intranquilo. Y es tan verdadero lo que digo, que se me antoja creer que el título del referido diario está mal dado, porque debiera llamarse algo así como ‘Vieja Época’, por lo rancio de sus conceptos y su espíritu colonial.

Es que no sólo era atacado por anarquista sino también por “extranjero”. Ucha había nacido en La Coruña y llegado al país contando con 12 años. “Eso no me ofende”, aseguraba. “El país se está engrandeciendo debido al concurso de las actividades de todos los habitantes que en él se han radicado”.

El diario de Espinosa dio cuenta también en sus páginas de las persecuciones policiales de que eran objeto algunos huelguistas en toda la provincia y de las miserias que padecían los maestros en su vida cotidiana.

La resolución drástica de Mosca

Fueron varias y de diverso tono las medidas adoptadas por el gobierno para terminar con la huelga.
Haciendo punta con el “incentivo docente”, envió a la Legislatura una ley imponiendo impuestos a los alcoholes y al tabaco. También dejando marcas en la historia, envió circulares a las escuelas pidiendo se remitieran al Consejo de Educación las planillas de asistencia de los maestros.

Pero la medida más drástica, y que nadie se atrevió aún a desempolvar, fue tomada el 12 de junio: fueron exonerados todos los docentes que habían participado del reclamo y que una vez sancionada la Ley de Impuestos no retomaron inmediatamente sus tareas.

Aquí, nuevamente, las posiciones periodísticas fueron radicalmente opuestas.

Nueva Época saludó la resolución y, aunque pide piedad para algunos, se burla de los dirigentes gremiales que habían solicitado un “armisticio”: “El temor de perder los puestos les hizo enfriar repentinamente el entusiasmo para la resistencia y aceptan sin beneficio de inventario lo que hasta hace pocas horas rechazaban con espléndida energía”. Y publicó, durante más de diez días, los nombres de los cesantes y exigió celeridad al gobierno para reemplazarlos.

Santa Fe, por su parte, señalaba que Mosca había demostrado “estar animado para con los maestros de un espíritu de injusticia que nosotros no sospechábamos”. 

Los maestros en huelga, los que todo lo han conseguido con el caluroso entusiasmo de su romanticismo quijotesco y la virilidad de su acción, son expulsados de los templos de la educación, a latigazos como los fariseos, por el solo delito de haber pedido ¡justicia!...

Destacó, además, su poco tacto y hombría: “¡Triste gloria la alcanzada por el gobernador de la provincia, por esa energía que hace su mayor número de víctimas en el sexo femenino!”.

De estas luchas gremiales santafesinas quedaron algunos nombres en las ajadas páginas de la historia: Raimundo Juan Peña, amigo personal de Mosca, fue declarado cesante.

Se dedicó entonces a labrar la tierra. Se le ofreció, en octubre de 1921, el cargo de director General de Educación Física. Lo rechazó: “No he de aceptar el cargo más insignificante hasta que el último maestro huelguista quede reincorporado”. Murió poco después. En el lugar donde nació, entonces campiña, hoy se levanta la escuela que lleva su nombre.

Antonio Ucha fue uno de los primeros en ser exonerado. Salvador Espinosa lo acogió en su diario y durante muchos años integró la redacción del diario Santa Fe.

Fueron muchas las mujeres cesantes que algunos años después fueron parte del nuevo gremio docente, AMSAFE, fundado en 1928: Carmen Báez, Julia García, Josefa López, Marta Samatán (primera presidenta del gremio e incansable luchadora por los derechos femeninos), Margarita Lucero, Justina Pérez (esposa de Peña).

Fuentes:
Luciano Alonso: Mujeres militantes en la historia del gremialismo docente. En: Guillermo Ríos (comp.): La cita secreta. Santa Fe, Ediciones AMSAFE, 2007.
Diarios Nueva Época y Santa Fe. Abril – julio de 1921.
Diego Abad de Santillán: Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe. Santa Fe, Ediar, 1967


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